El Muralismo es considerado como la gran aportación de México al arte universal que conlleva el pensamiento del gran estadista mexicano José Vasconselos " la historia y la educación a través de los muros". Hoy día los muros siguen ahí y el pensamiento se ha revitalizado, no somos los mismos pero en escencia si, creadores de un mosaico cultural milenario que seguimos desentrañando,
olvidando y a veces, solo a veces creando.
Hoy día otros muros vuelven a tomar vida a través de algunos artistas comprometidos con el arte,  con los mexicanos y con el mundo.  "THE PASSENGER" (EL PASAJERO) también nos habla de  la historia, de la nuestra y actual, de cada uno de los pasajeros que deambula por el Metro. Y también nos educa al mostrarnos un mucho de nuestra realidad, como un espejo en donde se reflejan cada uno de los pasajeros. No hay mejores palabras que las del mismo artista, el Mtro. Marco Zamudio que describe poéticamente su obra.

José del Bosque A.
Galería Artdicré

THE PASSENGER

El mural ha venido a significar en mi vida no sólo una puerta al muralismo mundial, que es un aporte de nuestro país a la pintura universal, sino también una aproximación a la gente, al pueblo que pide a gritos que se le dé algo diferente, algo para pensar, algo para recrear su visión tan agotada del entorno en que se encuentra.
  
El Usuario (The Passenger) recrea, refleja, transmuta, revive, habla, como un zapato tenis de aquellos viejos converse grita la realidad en la que se encuentra todo aquél que transita por el subterráneo. Miradas perdidas, hombres y mujeres que sueñan mientras viajan, mientras se trasladan; tiempos aparentemente perdidos, pero que si pudiéramos juntar significarían gran parte de nuestra vida, sobre todo para los que hacemos uso de este transporte: El Metro.
  
¿A dónde vamos?, ¿De dónde venimos?, ¿Qué es lo que queremos y qué hacemos para lograrlo?. Putas, rateros, familias mexicanas unidas y  disfuncionales, la libertad de la diversidad sexual, la libertad de unos novios jurándose amor eterno, el plagio, los comerciantes ambulantes, los limosneros; la gente que muere por enfermedades terminales y se dirige al hospital general, los universitarios, mi jefa, mis tíos, mis amigos, mis hermanos.
  
Todos, sí, todos encontrándonos en un mismo andén; andén que no es solamente el del Metro, también es el andén mismo de la vida, andén que para muchos es ficticio aunque no lo creamos, porque conozco gente que en su vida se ha subido al Metro, pero que para la mayoría representa el devenir cotidiano. Vida y muerte, muerte y vida, como aquellos retablos medievales en donde el padre se encuentra en medio, la madre a su lado izquierdo y el hijo a su derecha. Pero en México es nuestra jefa la que dicta nuestro rumbo, el padre dolido ya cansado de tanto trabajar y el hijo; el hijo malcriado del que se tiene una leve esperanza, pero que mira de reojo y con malicia lo que en un futuro no muy lejano tendrá que padecer o disfrutar.
  
Mientras tanto bien y mal disponiéndose a luchar y los demás…los demás yendo y viniendo, presas de nuestro poco tiempo, el poco tiempo que no aprovechamos para vivir. Sin embargo al final siempre una luz, la de la salida, la luz al final de cada túnel, de cada estación; la luz de un nuevo ser, la luz de la esperanza de que tenemos día a día una nueva oportunidad al dejar atrás la obscuridad.
  
Marco Zamudio
Octubre, 2010. México, D.F.